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Nonsense CapePor el camino que no conduce a ninguna parte
July 11 Casida de la provocadora (Casida of the provoker woman)Mientras tú duermes envuelto en frío
June 28 Vi un bicho raro y me acordé de ti (I thought of you while I was watching on a funny bug)Vi un bicho raro y me acordé de ti. Vi un bicho raro en el techo, agazapado en una esquina, escondido quizá del día que unas horas más tarde habría de llegar para llevárselo, para llevarse un mundo entero de cosas ocultas, de seres diminutos, de pendientes no resueltos.
Vi un bicho raro y me acordé de ti, su cuerpo azul y largo, sus ojos encendidos, un rojo vivo, todo quieto, como si lo delatara el movimiento de sus alas, de sus patas, de su corazón. Como si quisiera no ser visto pero, de alguna manera, quisiera que alguien supiera que ahí está, agazapado en una esquina del techo, lejos de la luz, de alguna luz, que lo hiciera visible.
En otra esquina, una incipiente telaraña. En el centro del techo, un foco fundido. En las paredes, cuadros, espejos, imágenes a las que alguien rezará desde algún rincón lejos de este cuarto. Más abajo, los libros, los muebles, los artículos de uso diario, hábitat del bicho raro más que mío. Las monedas que me sobraron del día, las credenciales y la cartera, el teléfono, los bolígrafos y el papel blanco, las manías que viven en las colecciones, las llaves, el invierno que habita en el suelo, los zapatos que hacen olvidarlo, la cama revuelta, es escritorio desacomodado.
¿Quién teje y amplía con estas cosas la red de la que no puedo salir? ¿Quién es la araña que no veo nunca, pero que me ofrece cada mañana, generosa, una porción mayor de ataduras?
¿Qué otros mundos, qué otras formas serán la red del bicho azul, de esa libélula azul que apareció en mi cuarto; qué otras redes lo retienen a qué, a dónde? ¿Dónde está la araña que no ve nunca y que cada mañana le ofrece, generosa, un poco más de red, de atadura?
Arriba, el bicho azul, arrinconado. Arriba, la telaraña creciendo. Arriba, aguardando, el colapso. Abajo, en espera, los contemplo.
Y a ti, ¿qué redes te atan a qué, a dónde, a quién? ¿A qué otras redes temes, a qué otros dóndes, a qué otros quiénes?
Vi un bicho raro y me acordé de ti, vi la telaraña en la otra esquina y supe y entendí que lentamente la araña llegará al bicho, y con ella, la red. Si la araña quiere. Si el bicho, inmóvil, quiere. ¿Qué otra red ata al bicho a su inmovilidad? ¿Qué otra red impulsa a la araña a expandirse? Lentamente, sí, pero si la araña desiste... y si el bicho vuela. ¿Quién aquí es el bicho y quién la araña? ¿Quién puede tejer y quién puede volar? ¿Quién busca y quién espera? ¿Qué red trasciende a la red que crece a mi alrededor, y a su tejedora?
He visto un bicho raro y me acordé de ti. El bicho quieto, la araña oculta, la red creciente. He visto un bicho raro y me acordé de ti. Hoy quién sabe si lo veré. Pero igual me acordaré de ti.
May 06 Fragmento de un bestiario medieval (Excrept from a description of nature in the Middle Ages)La imagen de una tigresa ante una bola de cristal nos puede parecer extraña en estos días en los que los resabios del racionalismo y del positivismo todavía impregnan la mayor parte de las actividades de la mayor parte de los seres humanos, y no nada más superficialmente. Si a usted le pareció imposible ver a una tigresa frente a una bola de cristal, puede estar seguro de que se encuentra incorporado a uno de los dos paradigmas apuntados líneas arriba. Alguna carga similar a la de dichos paradigmas le habrá hecho pensar, en todo caso, en una tigresa tratando de adivinar el futuro de un pobre lechón al que le consterna su porvenir, en el cual no ve la tigresa más que unas fauces rodeándolo, y entonces uno piensa en Esopo o una moraleja o alguna cosa parecida. No es el caso. La capacidad para imaginar a tigresas y bolas de cristal en otras circunstancias parece estar en estos días brutalmente aplastada por la necesidad de explicarlo todo según métodos científicos que nos muestren un panorama real y creíble de los elementos del mundo, explicando sus relaciones según sistemas o estructuras. En el mundo cotidiano, lo increíble y fabuloso ha cedido, tristemente, terreno a lo racional, a lo serio, a lo cuantificable, a lo explicable. De modo que si Esopo no está involucrado, normalmente no se le ve sentido a la relación tigresa-bola de cristal, u otras relaciones igualmente imposibles quizá, pero felices en tanto posibilidad. De cualquier forma, pueden encontrarse parapetos, como el que sigue (y como algún otro que puede encontrarse por acá), extraído de un volumen poco conocido de Julio Cortázar, Territorios, que hablando de bestiarios, nos ofrece el ejemplo de un juglar medieval dispuesto a explicarnos los comportamientos del reino animal:
“Si alguien le roba su cachorro a una tigresa y se ve perseguido por ésta, no tiene más que arrojarle una bola de cristal, cosa como se ve sumamente sencilla. ‘Engañada por su propio reflejo, la tigresa imagina que está viendo a su pequeño, y toma la bola entre sus zarpas. Cuando descubre finalmente el engaño, se lanza otra vez tras las huellas del raptor, que no tiene más que arrojarle una segunda bola de cristal, y como la tigresa ya ha olvidado la primera, se detendrá junto a la bola, la estrechará contra su seno y se acostará para amamantar al cachorro; así es cómo engañada por el exceso de su amor maternal, termina perdiendo a la vez su venganza y su hijo’. Si la tigresa persigue al hombre, el hombre persigue al bonacón (según White, el bisonte), que por desgracia no dispone de bolas de cristal para confundirlo, pero que en cambio produce un pedo tan horroroso que incendia los bosques en una extensión de tres acres, desalentando comprensiblemente a los cazadores.”
¿Habrá seguido esta descripción a una observación minuciosa de los comportamientos animales, la formulación de una hipótesis y la comprobación correspondiente de ésta? Nos parecería, a primera vista, que no, pero la verdad es que quién sabe. El hecho de imaginar que aquello sea verdad no nos parecerá quizá más aberrante que el hecho de imaginar que alguien estuvo dispuesto a experimentarlo. Con método científico o sin él, la anterior descripción de la relación tigresa-bola de cristal (el resto es para complementar un poco la jocosidad que ya se inició) nos puede inducir a pensar dos cosas: Que los hombres del Medioevo eran mucho más imaginativos que nosotros, o que eran mucho más osados y disparatados que nosotros. De cualquier forma, es una pérdida: Hoy somos o menos imaginativos, o menos osados e irreverentes. ¿No le gustaría a usted robarle el cachorro a una tigresa y engañarla, o imaginar que lo hace, en vez de estar todo el día detrás de un escritorio, o ir de casa en casa repartiendo u ofreciendo productos diversos, o atender peticiones de comensales incidentales, o procurar la conservación del statu quo, o recrear los hechos cotidianos que a nadie le importan, o en el peor de los casos estudiar economía?
April 21 Carta a mí mismo (I’m gonna sit right down and write myself a letter)
Pues bien, ¿cómo te lo digo? No tiene caso. Simplemente no tiene caso. Al menos hoy, ahora, no. Ya no. Velo bien. Alguna vez lo tuvo, y ya ves. Que tú no puedas decir sin el corazón en la mano lo que ella te dijo, no quiere decir que ella tampoco pueda. Así de simple. No busques equivalencias. El tiempo de las coincidencias se ha desvanecido. El tiempo de la falta de explicaciones lógicas y coherentes permanece, y quizá ése sí nunca se vaya. No quiero decirte que ella no sienta nada y que no sea sincera... no tengo elementos para afirmarlo. Tú tampoco, pero es justamente esa falta de elementos para afirmar esto lo que te hace pensar, o te hizo pensar, que entonces las cosas estarían en el otro extremo. No aceptas puntos medios. Como el amor, Julio, tú no aceptas puntos medios. Y ella parece desplazarse con extrema facilidad de un extremo a otro, y forzosamente tiene que pasar, pues, por los puntos medios. Tú te fuiste desplazando, poco a poco y desde el principio, desde uno de esos puntos hasta el extremo en el que aún estás. Aún estás ahí, pero parece que comienzas, de nuevo, a desplazarte. ¿Crees que ella tiene derecho a reaparecer como si nada en tu mundo y desequilibrarlo todo de nuevo? Llegaste a pensar que sí, pero ahora, ¿qué me dices? Una instantánea y de nuevo el silencio. ¿No te dolió, en el fondo, que ella te creyera incapaz de comprenderla, que la distancia puede ser fulminante? Es verdad que la amaste hasta el límite de la locura, que arriesgaste mucho por ella y no te importó perderlo. Y además, hiciste mucho por ella. Estabas dispuesto a hacerlo todo por ella... todo, absolutamente todo. Hiciste mucho, pero a ti no te lo pareció. Aún hoy no te la parece. Es más, te parece insuficiente. ¿Te has preguntado qué pensará ella sobre eso? Te has preguntado muchas, muchísimas cosas sobre ella, sobre toda esta demencia, este arrebato sin sentido, pero nunca qué pensaría ella al respecto. Has explorado hasta el cansancio los porqués y no has llegado a ninguna conclusión satisfactoria. Y quizá, en el fondo, no la haya. Como siempre, y date cuenta, hay una carencia absoluta de explicaciones. ¿No era eso lo que te encantaba? ¿Y no fue eso lo que al final, para ti, terminó por ser devastador? Has aceptado su ausencia sin comprenderla. Bien. Y ahora has dejado de querer comprenderla. Mejor. Y de la nada te sale con que te ama, con que te extraña, con que la perdones, con que quiere que seas feliz. Que la perdones. No pudiste, en ese momento, cuando leíste esas palabras, sino pensar en Borges: “Para mí no hay venganza ni perdón. El olvido es la única venganza y el único perdón”. Sí, seguramente lo estoy citando mal porque lo estoy citando de memoria, pero ésa es la idea. Y tú y yo sabemos, y ella sabe, que hay una sola cosa que no le perdonas, y que por tanto no podrás olvidar nunca. O quién sabe. Incluso llegaste a pensar en volver a ir a Guadalajara. Los que conocemos tu historia, que somos pocos, te decimos que estás loco. Por otro lado, eso es algo que ya todo el mundo sabe. Y mira, pues... eso significa que no crees que hayas hecho suficiente por lo que tú crees, y quizá nadie más, que es un amor tan intenso como nunca te pudiste haber imaginado que fuera posible vivir uno. Pero la verdad quizá es que ya has hecho demasiado. Te dijeron: “Ahora le toca a ella”. Pero tú eres incapaz de exigirle nada. Y cuando tú fuiste a verla hasta Guadalajara, hasta la ciudad en que vive, hasta la ciudad que tanto ansiabas visitar... acéptalo: te rechazó. “Ahora le toca a ella.” Pero tú estabas seguro, y lo estás aún, de que ella no va a venir a verte. Tú siempre has dicho que el amor es recíproco, o no es amor. Ahí te la dejo. Y si viniera, y si se le ocurriera venir... Recuerda que le dijiste, llorando, que no la dejarías partir de nuevo. Las echadas se sostienen, cierto; pero también es cierto que todo, todo cambia. Los que se dicen sabios han hecho de ello su lema. Lo único cierto es que tú no la dejarías plantada y sola si viniera. A veces eres demasiado... quién sabe, pero... ya ten han dicho que no siempre eres justo contigo mismo. Ah, ese corazón tuyo... Piensa esto: ¿Qué le dirías al recibirla? ¿Con qué ojos la mirarías? “Bienvenida a tu ciudad. Ésta es tu ciudad, y lo será mientras estés en ella.” ¿Y luego? ¿Podrías contener el llanto? Por otro lado, ¿qué habrá sido de las cartas que le enviaste si ella no las recibió? Alguien debe tenerlas, en algún lugar deben estar. Sostén lo que dijiste en una de ellas: “Renuncio a buscarte. Es desgastante buscarte. Pero no renuncio a la posibilidad de encontrarte de nuevo”. Hablaste también de la libertad. Pues... sé libre tú y deja que ella lo sea. Ella lo es. Ahora te toca a ti. ¿Y qué hacer con este gran amor que aún sientes por ella? ¿Y ella? Pues bien, deja que ella ame a otros hombres y que otros hombres la amen. Y ese amor que sientes aún por ella y que te carcome el alma, dáselo a otras mujeres. Ama tú a otras mujeres y déjate ser amado por ellas. De eso se trata la libertad. La tuya y la suya. Con Bakunin te digo que su libertad puede ampliar tu libertad al infinito. Deja que así sea. Eran libres en principio, se permitieron serlo, y esa libertad mutua te llevó a vivir con ella algunos de los momentos más hermosos de tu vida. Retoma esa libertad. Seguramente esa libertad de llevará por caminos que hoy no puedes imaginar, como entonces te llevó por caminos que no pudiste imaginar. Deja, pues, que así sea. Ahora, ¿quién puede convencernos de lo contrario? March 22 Declaración de indiferencia (Careless statement)Si el mundo está girando, no me importa; tampoco me interesa si se detiene. Que vuelvan la primavera o el verano o que el invierno sea crudo como nunca me tiene perfectamente sin cuidado.
Que la noche sea fría y que yo no duerma por más que intente, puedo soportarlo. Es más, ni siquiera intentaré dormir.
A no volver a verte puedo irme acostumbrando.
No me interesa si tú tampoco duermes; no es de mi incumbencia qué hagas esta noche, que escribas, que ames, que sueñes o que llores.
No me importa si llueve en todas las ciudades del mundo al mismo tiempo,
si en los periódicos leo que todo, todo va muy bien, o va muy mal, o sólo va. Si me buscas o no, me es indiferente; al encuentro de algo estás corriendo siempre.
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