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J. Romano

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Me llamo Julio Romano, como todo el mundo.

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Nonsense Cape

Por el camino que no conduce a ninguna parte
May 20

Contemplación del arlequín (Fool staring at the emptyness)

 

     Cuántas veces, como si no fuera una pregunta, cuántas veces me había sentado al borde de la nada a contemplar la ventana, que no era contemplar la ventana, pero mucho menos lo que había del otro lado, los edificios, los campos, el muro divisorio de los vecinos, las aves. El ocaso. La ventana en sí, la ventana sola, la ventana transparente, casi invisible; una barrera. Precisamente una barrera. Contemplar la barrera con las manos entrelazadas, como dos monstruos que se comen en paz uno al otro. Y se comen por las bocas. Era casi un rito la contemplación, la nada, la ausencia de escapatorias posibles. Cuántas veces, casi como si no fuera una pregunta.

     Ya una vez había aceptado la renuncia, ser el objeto al que se renuncia con indiferencia, el objeto que se olvida casi con delicia, saboreando cada segundo de silencio que enmarca la ceremonia, en la banca del parque, en la barra de la cafetería, en la contraesquina del puesto de periódicos, ahí donde no habrá nada cuando se vuelva. Nada salvo el chiflón que recuerda vagamente el descuido perfectamente planeado, algo que punza en la memoria, como un niño que se asoma para ser visto y no ser visto, en todo caso para ser adivinado y con él la avalancha de promesas y olvidos y descuidos que reaparecen aunque no siempre, sobre todo ese aunque no siempre que hace tan fácil pasar de largo, no sacar los dulces de la alacena, el helado del iglú inalcanzable.

     Pero a veces el objeto es necio y permanece pegado a la banca o a la barra o a la banqueta, fiel y desagradable como una goma de mascar; increíble cómo se ve un ocaso desde ciertas inmovilidades, es como si algo lo sobrevolara a uno, instalado en una impotencia voluntaria, rechazando manos que intentan levantarlo, una especie de horror lento que pasa por encima de un fragmento de universo, de horror de cromatismo cambiante sobre el microcosmos, lengua gangrenada que nos lame amarga y nos consume como a una bola de helado con su consistencia de tiempo.

     Aceptar la renuncia, aceptar ser la renuncia, aceptar ser lo renunciado, aceptar el destino banca de parque y la lengua gangrenada como el buitre de Prometeo o la piedra de Sísifo, no es en sí someterse a un designio fatal, sino hacer designio y hacer fatal una posibilidad que nada entre tantas dentro de la tómbola y que elegimos con esa misma delicia silente con que se ha sido depositado al objeto en la banca del parque o la repisa de la sala, porque para esto se necesita de dos. La figura de porcelana sobre la repisa, un triste payaso triste de pantalones flácidos y margarita en el ojal que apenas distraen al espectador de la roja falsa sonrisa sobrepuesta en medio del rostro, apenas debajo de los ojos calvario, réplica exacta del bufón que contempla la lengua negra desde el parque a través de su barrera, deseando que los monstruos lo devoren.

     Pero es otro el monstruo que devora al bufón, otro el que lo abandona en la desolación del silencio y lo sabe goma de mascar al pie de la banca y estatuilla de repisa, lo contempla desde su altura vertiginosa, y regresa como lengua gangrenada, como buitre o como piedra.

 

* * *

 

     Si vas a desaparecer, desaparécete por completo, y de una buena vez. Si hoy me dijeras nuevamente que te vas porque no quieres dolerme te amo yo te diría que buen viaje. Tu mar siempre será tranquilo. Tu ocaso, apacible. Pero no me lo vas a decir.

     Decídete: o andas por la cuerda floja o te bajas por las escaleras. Es insoportable que te quedes estatuaria en el trampolín, des dos pasos sobre la cuerda y regreses de un brinco a tu isla, y ni siquiera optes decididamente por abandonar el número, por irte escaleras abajo y tragarte los abucheos del público durante unos segundos, pisar la seguridad, mortal a su manera, del suelo, salir del circo, rendirte al silencio. ¿Hay en el trampolín otro trapecista que evitará tu caída, mientras que al final de la cuerda floja sólo ves un vacío? ¿Es por eso que...?

     Salir del circo, precisamente eso: salir del circo. No te vas a salir del circo. “Es hermoso partir sin decir adiós.” Tú no haces ruido cuando te despides. Tú no te despides... Y tú no partes. El mar tranquilo no es sino un paisaje para ti, el telón de fondo que enmarca el espectáculo circense. Tu partir es ponerle pausa a la película, ir por palomitas, comértelas en una butaca, salir de la carpa, tomar el aire y volver para ver en qué dejaste la farsa hecha nitrato de plata. Cuando haces ruido simulas la partida. Cuando no, pones pausa, prolongas el tiempo trampolín. Y parece que bajarás por las escaleras y volverás a tu camerino. Siempre en silencio. Y parece.

     Y un momento llegará en que la función haya de seguir, la película volverá a correr. Pero el verdadero espectáculo es el fotograma congelado, el drama estático, el tiempo trampolín. El tenso tiempo trampolín.

     Ya no quiero ser el bufón que te espera del otro lado de la cuerda, en su banca de parque al pie de las escaleras, el arlequín que sube, que anda la cuerda floja, que te ve regresar de un salto a tu orilla, que desanda la cuerda, que baja las escaleras, que contempla.

     Un momento llegará en que debas bajar por las escaleras. Y cuando se inicie tu lento descenso, yo habré empezado a recorrer, en silencio, el camino que lleva fuera y lejos de la carpa.

 

May 04

Las teorías conspiracionistas (The conspiration theories): Vox media, vox Dei

 

The virus, my friend, is blowing in the wind...

The virus is blowing in the wind...

(after Bob Dylan)

 

El miedo es padre de cosas muy raras

Julio Cortázar

 

“Una mentira dicha muchas veces termina por convertirse en una verdad.”

     Junto con la epidemia de gripa porcina que azota al centro de México parece haber llegado otra, que azota a todo el país: una epidemia de histeria colectiva. Que si un virus mutado desde un cerdo que funciona como una licuadora de aminoácidos, proteínas y triglicéridos, que si un científico loco en California, que si una pakistaní que comerciaba ambulantemente en Oaxaca... el caso es que anda y saca de la cabeza de la gente, y de la voz de los medios de comunicación, que estamos ante la amenaza inminente de una pandemia. Increíble, en cualquier caso, pero en el fondo no tanto, que las medidas anunciadas por nuestras ínclitas autoridades y que son seguidas por una población entrada en pánico estén funcionando, lavarse las manos de manera obsesiva, no tocarse las áreas húmedas de la cara pero sobre todo no picarse la nariz (cosa en la que insiste mucho el escéptico doctor de la tele, el canoso, Alejandro Macías, que viene a ser una especie de Gregory House carnavalito version), no escupir en la calle, evitar las muchedumbres y las turbas iracundas, mantener limpia la casa, desinfectar perillas, manubrios, barandales, teléfonos y controles remoto, no saludar dando besos ni manos, sino a la japonesa, una pequeña reverencia inclinando la cabeza, y así evitamos que el virus se propague y esto alcance proporciones cinematográficas. La mayor parte de dichas medidas, dicho sea de paso, ¿no son cosas que tenemos que hacer de todas formas todos los días de todas nuestras vidas?

     Lo del tapabocas, éxito inmediato de ventas que ya quisieran alcanzar Madonna o Michael Jackson, agotado en todos lados como el nuevo disco de su artista favorito (o de su artista más aborrecido, los gustos varían), parece que no salió de las voces oficiales, sino una manía mediática. En cualquier caso, por más tapabocas que lleve uno, si alguien con la gripa (que ya no es porcina, aparentemente una queja interpuesta ante la Sociedad Protectora de Animales inició todo lo del rebautizo, pero qué ganas de difamar a los pobres marranos que a fin de cuentas qué, que ahora es influenza humana, válgame el Altísimo, y entonces la otra, la de siempre, la gripa que se pone de pronto su nombre de etiqueta, ¿qué diablos es ahora?), si alguien llega con la gripa ésta y le estornuda a uno en plena superficie húmeda, ojalá alguien pudiera decir de qué sirvió la telita ésa a través de la cual puedo ver al que está frente a mí. Lo que nunca: un estornudo de repente se convierte en lepra y hasta los emos cuidan de su salud y atienden a las recomendaciones oficiales...

 

“¡Cuán gritan esos malditos!”

     Es un virus eso que anda revoloteando en el aire, si el tapabocas es poroso el bicho pasa, no es una langosta que ande volando y pueda ser vista, y muchos no se verán en multitud como una nube negra que acaba con los cultivos, ni siquiera se verán, se manifestarán en todo caso, pero no es mortal y además hay medicamento suficiente, pero de todas formas lávese las manos como si de ello dependiera su vida, uno nunca sabe, y ya ve cuántos van, la OMS puso la alerta en el nivel 5. Y de paso felicita al gobierno mexicano.

Una langosta, claro... La primera era la peste, y ¿cuáles eran las otras seis plagas? Preocúpese cuando vea una nube de langostas, o cuando el caudal del río que atraviesa la ciudad lleve sangre, porque entonces, entonces sí, la sangre se coagula y va a terminar tapando las cañerías...

     Ya hace setenta años, casi tres cuartos de siglo, Orson Welles había demostrado de qué eran capaces los medios, y sí, hazaña irrepetible entre lo irrepetible, pero Orson Welles sigue vivo aunque de formas menos artísticas, y los medios siguen diciendo que los marcianos llegaron ya, pero, ¿recuerda usted?, en otras formas, en forma de ébola, de cólera, de chupacabras, de invasión OVNI, de peligro para México, la teoría de la cortina de humo no pierde vigencia y hay escépticos que siempre se mantendrán aferrados a ella.

 

“Perro que ladra no muerde.”

     Hay, claro quienes dudan, dudan siempre y dudan de todo, y en esto también. Puede ser que tengan razón, puede que no, uno nunca sabe... La mentira repetida ad nausea.

Aquí, como en todo, también ha resurgido la teoría conspiracionista, como Lázaro cada tanto tiempo, un destino nitzscheano del que le ha sido imposible escapar.

     El virus puede morder menos de lo que los ladridos que le hacen emitir sugieren, dormir menos de lo que indican los ronquidos que le atribuyen. Uno nunca sabe. Ante esto de la gripa no-porcina, hay que partir, como siempre, de las dos posibilidades de las teorías conspiracionistas:

1. Que tengan razón. En ese caso, como las autoridades y los medios juegan en el mismo equipo y, peor aún, son quienes formaron la conspiración, no van a dar espacios en sus territorios para que las teorías conspiracionistas sean conocidas, divulgadas, analizadas o expuestas, sino que serán acaso mencionadas y en seguida descartadas como si eso fuera lo más obvio y lógico y racional.

2. Que no tengan razón. En ese caso, realmente habrá una razón de peso y de fondo y de todo para no darles especio en los grandes espacios mediáticos nacionales e internacionales.

     De modo que el destino inatacable de la teoría conspiracionista es mantenerse siempre en los dominios de lo subterráneo, lo clandestino, lo irreductible y lo subversivo.

     Lo bueno de las teorías conspiracionistas es que lo hacen dudar a uno, sirven como ejercicio mental. Lo malo es que a ver, demuestra que están en lo correcto. No se trata de decir que no hay que formularlas. Todo lo contrario. Sospechemos. Dudemos. ¡Seamos suspicaces! Pero no nos quedemos ahí y vayamos por los pelos de la burra.

     Baideuéi, eso de andar por la calle diciendo que uno tiene el A/H1N1 es como de película de Cantinflas, para que apenas salga de la boca de alguien (en forma de ácido ribonucleico o en forma de construcción gramatical, que igual son cadenas de cosas que se ponen una después de la otra) lo esculquen a uno en busca de explosivos o armas o quién sabe qué más atente contra la seguridad internacional. Pero pues es lo que sale en la tele, y qué le va uno a hacer.

 

“Toda mentira, para ser creíble, debe tener una semilla de verdad.”

     El virus maligno omnipresente y tantas medidas preventivas, no vaya a ser el Chamuco ora sí y a ver quién nos salva. Más vale... Pero ¿y si no? ¿Y si todo es una mentira, una patraña, una elucubración maliciosa para ocultar algo y distraer al mundo, un circo, un teatrito, un “numerito espectacular”? ¿Será posible? Las teorías conspiracionistas afirman que sí:

     Justo cuando hay crisis, aparece una oportunísima amenaza de pandemia de gripa (“pandemia de gripa”, hasta se oye ridículo). No, pero esto rebasa México y rebasa el ámbito local, la pandemia es real, la OMS interviene y cómo vamos a dudar de la OMS, es un asunto serio de carácter mundial. Sí, pero la crisis no es regional, no afecta a una sola esfera geopolítica, es una crisis también mundial, y es necesario para olvidarla un teatrito mundial. Por otro lado, la Bolsa Mexicana de Valores cayó 15% en un día, y ¿alguien quiere decirme a cómo está hoy el dólar?

     En todo caso tendría que ser un teatro muy bien montado, con tantos actores involucrados, porque hay brotes de influenza humana (...) en todo el mundo. ¡Ajajá! Ah, pero los países integrantes del G7 no son todo el mundo, y es ahí donde están los brotes quesque mundiales, con algunas excepciones como España, Corea o Nueva Zelanda, pero ve a saber si no hay un acuerdo detrás, si no resultará que los países que se adhieren a la conspiración a la larga resultan beneficiados. ¡Y en África nada, donde las condiciones de salubridad son...!, pero bueno... Por lo pronto, México ya se embolsó una lana... y adivinen quién va a terminar pagando la deuda.

     Pero qué coincidencia, después de la visita de Barack Obama a México, y no antes, y no justo en ese momento, aparece el raro virus éste. Oh, el virus ya existía, desde la década de 1970, desde 2004 ó 2005 ya se conocía su mapa genético y se hacían simulacros y entre los especialistas ya se hablaba de un riesgo epidemiológico. Sí, pero hasta antes de la visita de Obama no había pavor por el bicho (que ni siquiera es bicho). “Hoy por mí...”, y mañana por México, pues. Pero, ¿y qué quería Obama? Eso quizá nunca se sabrá. Pero de pronto ya no ha habido decomisos de enormes cargamentos de droga, ni secuestros, ni capos detenidos, ni descabezados. El bondadoso ejército, es más, ya no puebla las calles de miedo y terror, sino de tapabocas, es por tu bien. Oh, y mira, éste no es un estado fallido: la población atiende a las indicaciones de su gobierno, ¿qué más legitimidad que ésa quieres? Baideuéi, ¿e Irak y el mundo musulmán?

     Los partidos del futbol mexicano se juegan a puerta cerrada. ¿Una jornada del futbol mexicano a puerta cerrada? ¿Dos? ¿Medio torneo, si quieres? ¿Cuánto representa eso en la economía futbolística mundial? Cuando se cancele la Copa del Mundo me avisas.

La industria farmacéutica estaba en números rojos, en crisis, y había que rescatarla. Bueno, es más fácil rescatarla a ella que a la industria automovilística: el pánico hace comprar medicinas, no automóviles. Poco creíble: muéstrame las cifras, los números que demuestren que la industria farmacéutica está al borde de la bancarrota y que hagan indispensable su rescate. Ah, pero esto es una conspiración y nunca nos van a revelar las verdaderas cifras. ¡Ejejé!

     Si el virus realmente estuviera en todos lados y en cualquier parte y el riesgo es incalculable... échate ésta: la gente permanece encerrada en sus casas para no contagiarse, no sale a la calle. ¿Está en la calle? Entonces los más expuestos son: los vagabundos, los periodistas, los vendedores, los recolectores de basura, los del gas (y, aunque por otras razones, los médicos, pero ellos saben mejor cómo cuidarse... o deberían). Éstos son mis grandes indicadores; cuando estos sectores empiecen a aparecer febrilmente con 39 Celsius, me preocupo. Bueno, admitamos que los vagabundos tienen una de anticuerpos que...

     Y la inevitable postdata sabor cereza: La influenza porcina es rebautizada como influenza humana luego de que se reportó un insólito descenso en las ventas de carne de puerco.

     Cada quien tendrá sus propias razones para dudar. O para no dudar y usar tapabocas, que en todo caso sirve para reducir la neurosis. Pero úselo con más frecuencia: allá afuera también andan el neumococo, los parvovirus y la salmonela.

     Claro que las teorías conspiracionistas pueden equivocarse, y entonces sí la peste negra. Es el riesgo que se corre al ser suspicaz. Pero como ejercicio, no está mal. Nada mal. Envidiable hasta para la ciencia política. Y en una de ésas se tiene razón. Y la resistencia ganará adeptos, quizá pocos, pero adeptos. Ahora, lo malo de las teorías conspiracionistas es que no dudan de sí mismas: nunca creen que puedan estar equivocadas. Y, como cualquier teoría, pueden estarlo. Pero decir que las teorías conspiracionistas son falsas y son disparates lo convierte a uno en un reaccionario.

 

“Si no fuera por mi buena salud, ya me habría muerto.”

     También el humor puede ser subversivo (o se puede ser subversivo a través del humor):

1. No saludar ni de beso ni de mano. Pero, ¿si nos podemos despedir de beso y de mano?

2. Al que tienen que ponerle un tapabocas es a otro...

3. El sexo seguro ahora se practica con tapabocas.

4. Mi marido es un cerdo, ¿tengo que sacrificarlo?

5. ¿Nos van a reponer el 1 y el 5 de mayo como días de descanso?

6. ¡Orson Welles no ha muerto...! Tiene gripa, pero no ha muerto...

7. ¡Aléjate...! Puedes ser una mala influenza...

8. ¿Todo normal? Digo, además de lo anormal...

9. ¿Un virus? ¿Qué es un virus? Ah, una cadena de aminoácidos y proteínas... Entonces, no es un organismo vivo. ¿Cómo que está a medio camino entre algo vivo y algo no vivo? Oh, comprendo... nos ataca un pequeño zombie.

10. ¿Quiere darle un buen susto a alguien? ¡Estornude! ¿Quiere abrirse paso entre las multitudes? ¡Estornude! Ya no hay necesidad de decir “con permiso”.

11. ¿Morirse de gripa en el siglo XXI? Muérete de risa, Boccaccio; y tú también, Camus.

12. Un amigo se quejaba de la vida artística en estos días: “¡No hay teatro, no hay espectáculos!” “¿Qué, quieres otro? ¿No te basta con éste?”

13. ¿Y ustedes no andan calenturientos?

14. Primero fue la gripa aviar, ahora la porcina... ¿te imaginas cuando nos llegue la de los elefantes?

15. ¡Vaya que si esto es un catarro...!

     Pero mientras tanto, mientras tanto tengan miedo, tengan muuuuuuuuuuuucho mieeeeeeeeeeeeeeeedo. En fin... en estos tiempos, y desde que Orson Welles dijo para siempre “Los marcianos llegaron ya”, vox media, vox Dei. Salvo que los medios digan lo contrario.

March 19

CInco poemínimos cinco (5 mini poems 5)

 
Bob Dylan, o el poemínimo hippie (Hippie mini poem)
 
El poemínimo,
amigo mío,
está
revoloteando
en el aire.
El poemínimo
está
revoloteando
en
     el
        aire.
 
 
Fado
 
Yo no sé
por qué
Pessoa
no se aventó
un buen día
al río
y acabó
con todo
de
     Tajo.
 
La lógica del Segundo Imperio (Second Empire's logic)
 
Con la imposición
de Maximiliano,
los franceses
utilizaron
en México
la
    reducción
al
    Habsburgo.
 
Juarista (Variations on Benito Juárez)
 
El respeto
al poema
ajeno
es
la
paz.
 
Con quién andas (Join us)
 
El que con poetas
anda
a arrimar
se enseña.
 
 
January 19

Diez nuevos aforismos y otro poemínimo (Ten new aphorisms and another mini poem)

 

Aforismos

 

Ocurre que no puedo darme cuenta de lo incuestionables que son las pruebas que ofrece aquello que no quiero creer.

 

Toda elección implica una renuncia.

 

¿Qué es un corazón si no un signo de interrogación ante el espejo?

 

¿Dice usted que he pecado? ¿Acaso es posible vivir de otra manera?

 

¿No te gusta mi cinismo? ¿Prefieres la hipocresía?

 

Tal vez no recuerde la fecha, pero recuerdo el día.

 

Es intrigante cómo alguien puede ser tan perspicaz para algunas cosas y no darse cuenta de otras tantas.

 

Vaso medio vacío, vaso medio lleno... Como sea, yo siempre suelo ver el vaso agujereado.

 

Pienso en Pessoa... A veces quizá habría sido más conveniente optar por la cueva del lobo.

 

Esperpento: Corriente literaria también conocida como realismo.

 

Poemínimo

 

Vocales (The letters they're a-changin') 

 

Si a Hermes Trismegisto

no le hubieran pedido el gasto

en agosto,

habría hecho un gesto

de gusto.

 

January 12

Diez aforismos y un poemínimo (Ten aphorisms and one mini poem)

 

Aforismos

 

 

Tal vez parezca una maldición, pero en realidad es una ley.

 

Los que hoy llamamos profetas en su tiempo eran llamados pesimistas.

 

Lo malo de ser pesimista es que al final siempre se tiene razón.

 

Encuentro extremadamente difícil distinguir los buenos deseos de los malos deseos.

 

La felicidad es una tregua.

 

Tus palabras son hermosas; tanto como claros son tus actos.

 

No es que haya dejado de creerte; es que ha dejado de importarme.

 

Mientras haya aplausos, ¿qué te importa el dinero?

 

Mientras haya dinero, ¿qué te importan los abucheos?

 

Cuando lo que falta es algo que decir, ya no hay nada que hacer.

 

 

Poemínimo

 

 

Emergencia (Emergency)

 

En estas

circunstancias

lo que realmente

necesito

son

segundos

auxilios.

 

November 15

Pequeño diccionario de francés para Joanna (Petit dictionaire du français pour Joanna)

     Uno nunca sabe. Y no es posible andar por el mundo no sabiendo, sin tropezar con la incertidumbre. Es por eso que a cada paso que damos sobre el camino que decidimos seguir, procuramos darlo de manera tal que no nos tambaleemos ni caigamos. Pero ocurre luego que uno no sabe tampoco qué camino ha de seguir. Esto genera incertidumbre, pero por otro lado, saber siempre por qué camino ha de andarse, resultaría en extremo aburrido y se nos quitarían las ganas de andar y andar los caminos. De modo tal que no está de más tomar ciertas precauciones, explorar un poco las posibilidades de los caminos antes de andarlos; así, aunque no sepamos qué nos deparará cada sendero, quizá estemos un poco alertas y un poco más dispuestos a terminar con la incertidumbre, o al menos con una cierta seguridad de que podremos hacerlo con mayor o menor grado de éxito.

     Me he permitido imaginar que un buen día estarás andando sobre un camino que te llevará a algún territorio francoparlante: Bien puede ser Francia, con su torre Eiffel, su Montmartre, su Le Chat noir, su Niza, su Cannes y su Champagne, o algún país del Caribe en donde se hable la lengua de Michaux, o alguna nación africana que estuvo bajo el dominio de los galos o, en el peor de los casos, el Québec. En caso de que así suceda, quizá en tus primeros días de sirvan estas breves frases te ayudarán a expresarte de una manera comprensible para quienes te rodean, si llegas a encontrarte en diversas circunstancias. Por ejemplo:

 

En caso de que no quieras que alguien te deje:

Ne me quitte pas (No me dejes).

 

En caso de que alguien te pregunté que son esas láminas escarchadas amarillentas, cafés y anaranjadas que están debajo de los árboles en otoño:

Les feuilles mortes (Las hojas muertas).

 

En caso de que no te arrepientas de nada:

Non, rien de rien. Non, je ne regrette rien (No, nada de nada. No, yo no me arrepiento de nada).

 

En caso de que quieras decir que a cada Napoleón le llega su Waterloo:

C’est le commencement de la fin (Es el principio del fin).

 

En caso de que quieras a alguien de una forma no amorosa:

Je te veux (Yo te quiero).

 

En caso de que quieras a alguien de una forma amorosa:

Je t’aime (Te amo).

 

En caso de que comprendas el sufrimiento de alguien:

J’ai compris ta détresse (He podido comprender tu sufrimiento).

 

En caso de que te quieras referir a una muchacha rubia:

La fille aux cheveux de lin (La joven del cabello de lino).

 

En caso de que quieras hacerle notar a alguien cierta peculiaridad de una niña:

La fille avec une fleur sur la tête (La niña con una flor en la cabeza).

 

En caso de que te pregunten de qué otra manera se le conoce a Don Quijote de la Mancha:

Le chevalier de la triste figure (El caballero de la triste figura).

 

En caso de que te pregunten cuál es tu obra favorita de William Shakespeare:

Le songe d’une nuit d’été (El sueño de una noche de verano).

 

En caso de que te pidan recitar una línea de una obra de William Shakespeare:

Mots, mots, mots (Palabras, palabras, palabras).

 

En caso de que quieras proclamar a los cuatro vientos tu deseo de erigir un reino:

Je ferai un domaine (Yo erigiré un reino).

 

En caso de que algo te salga mal:

Merde, allors! (¡Recórcholis!)

 

En caso de que te pregunten cuál es tu café o tu animal favorito.

Le chat noir (El gato negro).

 

En caso de que te envuelvan sensaciones de melancolía apenas distinguibles una de la otra:

Lent et triste. Lent et grave. Lent et douloureux (Traducción innecesaria).

 

En caso de que quieras manifestarle a alguien tu deseo de olvidar un recuerdo:

Je voudrais oblier mon souvenir (Quiero olvidar mi recuerdo).

 

En caso de que encuentres inesperadamente a alguien a quien estimas incalculablemente y no habías visto en mucho tiempo:

Mon ami! (¡Amiga mía!/¡Amigo mío!)

 

En caso de que te pregunten dónde está algo que acabas de ver debajo del puente Mirabeau:

Sous le pont Mirabeau (Debajo del puente Mirabeau).

 

En caso de que te pregunten por una película de Jean-Louis Barrault:

Les enfants du Paradis (Los niños del paraíso).

 

En caso de que quieras describir a unos novios que crees han perdido la cordura:

Fiancées en folie (Novios vueltos locos).

 

En caso de que quieras parecer rosacruciana:

Pour le chemin de la porte heroïque du ciel (Por el camino de la puerta heroica del cielo).

 

En caso de que escuches algunas palabras que te gustaría escuchar de nuevo, en ese mismo orden:

Sont les mots qui vont très bien ensemble (Son palabras que juntas suenan bien).

 

En caso de que algo te recuerde a las olas del mar:

Comme les vagues de la mer (Como las olas del mar).

October 17

Poemínimos emergentes (Brand new mini poems)

 
Noviembre (November)
 
Este año
no haré
calaveritas;
no estoy
de humor
                negro.
 
Caminante (Walkin' by)
 
Al
mal
paso
darle
risa.
 
Apiario (Black birds)
 
Cría
Cuervos
y
te
abrirán
los
ojos
 
 
Selvático (Amazonic)
 
Pues yo
me voy
a ir
a explorar
a
   más
          zonas.
 
 
September 22

Plan para un poema que no tengo ganas de desarrollar (Plan for a poem which I don’t want to develop)

 

Yo no te quiero intangible,

yo no te quiero lejana.

 

[...]

 

Si te vas, vete en silencio,

si te vas de mi ventana.

 

[...]

 

Te quiero seguir creyendo,

[...] me duele

lo que dice tu silencio.

 

September 08

Poemínima invención, o los poemínimos (im)pertinentes (Mini poems' invention, or the mini poems out of place)

 

Metafísica (Metaphysics)

 

He llegado

a la conclusión,

después de todo,

de que

en realidad

todos

los universos

son

para

       lelos.

 

Amor al arte (Art lover)

 

A los amantes

del arte:

Considérese

qué tipo

de amante

es

el arte...

Es

de los

buenos:

Es

de los

que no

abandonan.

 

El de Ángeles Galván (On Ángeles Galván)

 

He sido

angélicamente

galvanizado.

 

El otro de Ángeles Galván (On Ángeles Galván II)

 

Hacen

falta

más

Ángeles

en

este

mundo.

 

La Rivera (The River, a shore)

 

La Rivera aparece

la Rivera desaparece

la Rivera busca

la Rivera se esconde

la Rivera llama

y está

en todas partes

pero tú

nunca

sabes

dónde.

 

  

 

June 28

Vi un bicho raro y me acordé de ti (I thought of you while I was watching on a funny bug)

 

Vi un bicho raro y me acordé de ti.

Vi un bicho raro en el techo,

agazapado en una esquina,

escondido quizá del día

que unas horas más tarde

habría de llegar

para llevárselo,

para llevarse un mundo entero

de cosas ocultas, de seres diminutos,

de pendientes no resueltos.

 

Vi un bicho raro y me acordé de ti,

su cuerpo azul y largo,

sus ojos encendidos, un rojo vivo,

todo quieto, como si lo delatara el movimiento

de sus alas, de sus patas, de su corazón.

Como si quisiera no ser visto pero,

de alguna manera,

quisiera que alguien supiera

que ahí está,

agazapado en una esquina del techo,

lejos de la luz, de alguna luz,

que lo hiciera visible.

 

En otra esquina, una incipiente telaraña.

En el centro del techo, un foco fundido.

En las paredes, cuadros, espejos, imágenes a las que alguien rezará

desde algún rincón lejos de este cuarto.

Más abajo, los libros, los muebles,

los artículos de uso diario,

hábitat del bicho raro

más que mío.

Las monedas que me sobraron del día,

las credenciales y la cartera, el teléfono,

los bolígrafos y el papel blanco, las manías

que viven en las colecciones, las llaves, el invierno

que habita en el suelo, los zapatos que hacen olvidarlo,

la cama revuelta, es escritorio desacomodado.

 

¿Quién teje y amplía con estas cosas

la red de la que no puedo salir?

¿Quién es la araña

que no veo nunca,

pero que me ofrece cada mañana,

generosa, una porción mayor de ataduras?

 

¿Qué otros mundos, qué otras formas

serán la red del bicho azul,

de esa libélula azul que apareció en mi cuarto;

qué otras redes lo retienen a qué, a dónde?

¿Dónde está la araña

que no ve nunca

y que cada mañana le ofrece,

generosa,

un poco más de red, de atadura?

 

Arriba, el bicho azul, arrinconado.

Arriba, la telaraña creciendo.

Arriba, aguardando, el colapso.

Abajo, en espera, los contemplo.

 

Y a ti, ¿qué redes te atan a qué,

a dónde, a quién?

¿A qué otras redes temes,

a qué otros dóndes, a qué otros quiénes?

 

Vi un bicho raro y me acordé de ti,

vi la telaraña en la otra esquina

y supe y entendí

que lentamente la araña llegará al bicho,

y con ella, la red.

Si la araña quiere. Si el bicho, inmóvil, quiere.

¿Qué otra red ata al bicho a su inmovilidad?

¿Qué otra red impulsa a la araña a expandirse?

Lentamente, sí, pero si la araña desiste...

y si el bicho vuela.

¿Quién aquí es el bicho y quién la araña?

¿Quién puede tejer y quién puede volar?

¿Quién busca y quién espera?

¿Qué red trasciende a la red

que crece a mi alrededor,

y a su tejedora?

 

He visto un bicho raro y me acordé de ti.

El bicho quieto, la araña oculta, la red creciente.

He visto un bicho raro y me acordé de ti.

Hoy quién sabe si lo veré. Pero igual me acordaré

de ti.

 

May 06

Fragmento de un bestiario medieval (Excrept from a description of nature in the Middle Ages)

     La imagen de una tigresa ante una bola de cristal nos puede parecer extraña en estos días en los que los resabios del racionalismo y del positivismo todavía impregnan la mayor parte de las actividades de la mayor parte de los seres humanos, y no nada más superficialmente. Si a usted le pareció imposible ver a una tigresa frente a una bola de cristal, puede estar seguro de que se encuentra incorporado a uno de los dos paradigmas apuntados líneas arriba.

     Alguna carga similar a la de dichos paradigmas le habrá hecho pensar, en todo caso, en una tigresa tratando de adivinar el futuro de un pobre lechón al que le consterna su porvenir, en el cual no ve la tigresa más que unas fauces rodeándolo, y entonces uno piensa en Esopo o una moraleja o alguna cosa parecida. No es el caso. La capacidad para imaginar a tigresas y bolas de cristal en otras circunstancias parece estar en estos días brutalmente aplastada por la necesidad de explicarlo todo según métodos científicos que nos muestren un panorama real y creíble de los elementos del mundo, explicando sus relaciones según sistemas o estructuras.

     En el mundo cotidiano, lo increíble y fabuloso ha cedido, tristemente, terreno a lo racional, a lo serio, a lo cuantificable, a lo explicable. De modo que si Esopo no está involucrado, normalmente no se le ve sentido a la relación tigresa-bola de cristal, u otras relaciones igualmente imposibles quizá, pero felices en tanto posibilidad.

     De cualquier forma, pueden encontrarse parapetos, como el que sigue (y como algún otro que puede encontrarse por acá), extraído de un volumen poco conocido de Julio Cortázar, Territorios, que hablando de bestiarios, nos ofrece el ejemplo de un juglar medieval dispuesto a explicarnos los comportamientos del reino animal:

 

     “Si alguien le roba su cachorro a una tigresa y se ve perseguido por ésta, no tiene más que arrojarle una bola de cristal, cosa como se ve sumamente sencilla. ‘Engañada por su propio reflejo, la tigresa imagina que está viendo a su pequeño, y toma la bola entre sus zarpas. Cuando descubre finalmente el engaño, se lanza otra vez tras las huellas del raptor, que no tiene más que arrojarle una segunda bola de cristal, y como la tigresa ya ha olvidado la primera, se detendrá junto a la bola, la estrechará contra su seno y se acostará para amamantar al cachorro; así es cómo engañada por el exceso de su amor maternal, termina perdiendo a la vez su venganza y su hijo’. Si la tigresa persigue al hombre, el hombre persigue al bonacón (según White, el bisonte), que por desgracia no dispone de bolas de cristal para confundirlo, pero que en cambio produce un pedo tan horroroso que incendia los bosques en una extensión de tres acres, desalentando comprensiblemente a los cazadores.”

 

     ¿Habrá seguido esta descripción a una observación minuciosa de los comportamientos animales, la formulación de una hipótesis y la comprobación correspondiente de ésta? Nos parecería, a primera vista, que no, pero la verdad es que quién sabe. El hecho de imaginar que aquello sea verdad no nos parecerá quizá más aberrante que el hecho de imaginar que alguien estuvo dispuesto a experimentarlo. Con método científico o sin él, la anterior descripción de la relación tigresa-bola de cristal (el resto es para complementar un poco la jocosidad que ya se inició) nos puede inducir a pensar dos cosas: Que los hombres del Medioevo eran mucho más imaginativos que nosotros, o que eran mucho más osados y disparatados que nosotros. De cualquier forma, es una pérdida: Hoy somos o menos imaginativos, o menos osados e irreverentes.

     ¿No le gustaría a usted robarle el cachorro a una tigresa y engañarla, o imaginar que lo hace, en vez de estar todo el día detrás de un escritorio, o ir de casa en casa repartiendo u ofreciendo productos diversos, o atender peticiones de comensales incidentales, o procurar la conservación del statu quo, o recrear los hechos cotidianos que a nadie le importan, o en el peor de los casos estudiar economía?

 

April 21

Carta a mí mismo (I’m gonna sit right down and write myself a letter)

 

     Pues bien, ¿cómo te lo digo? No tiene caso. Simplemente no tiene caso. Al menos hoy, ahora, no. Ya no. Velo bien. Alguna vez lo tuvo, y ya ves.

     Que tú no puedas decir sin el corazón en la mano lo que ella te dijo, no quiere decir que ella tampoco pueda. Así de simple. No busques equivalencias. El tiempo de las coincidencias se ha desvanecido. El tiempo de la falta de explicaciones lógicas y coherentes permanece, y quizá ése sí nunca se vaya. No quiero decirte que ella no sienta nada y que no sea sincera... no tengo elementos para afirmarlo. Tú tampoco, pero es justamente esa falta de elementos para afirmar esto lo que te hace pensar, o te hizo pensar, que entonces las cosas estarían en el otro extremo. No aceptas puntos medios. Como el amor, Julio, tú no aceptas puntos medios. Y ella parece desplazarse con extrema facilidad de un extremo a otro, y forzosamente tiene que pasar, pues, por los puntos medios. Tú te fuiste desplazando, poco a poco y desde el principio, desde uno de esos puntos hasta el extremo en el que aún estás. Aún estás ahí, pero parece que comienzas, de nuevo, a desplazarte.

     ¿Crees que ella tiene derecho a reaparecer como si nada en tu mundo y desequilibrarlo todo de nuevo? Llegaste a pensar que sí, pero ahora, ¿qué me dices? Una instantánea y de nuevo el silencio. ¿No te dolió, en el fondo, que ella te creyera incapaz de comprenderla, que la distancia puede ser fulminante?

     Es verdad que la amaste hasta el límite de la locura, que arriesgaste mucho por ella y no te importó perderlo. Y además, hiciste mucho por ella. Estabas dispuesto a hacerlo todo por ella... todo, absolutamente todo. Hiciste mucho, pero a ti no te lo pareció. Aún hoy no te la parece. Es más, te parece insuficiente. ¿Te has preguntado qué pensará ella sobre eso? Te has preguntado muchas, muchísimas cosas sobre ella, sobre toda esta demencia, este arrebato sin sentido, pero nunca qué pensaría ella al respecto. Has explorado hasta el cansancio los porqués y no has llegado a ninguna conclusión satisfactoria. Y quizá, en el fondo, no la haya. Como siempre, y date cuenta, hay una carencia absoluta de explicaciones. ¿No era eso lo que te encantaba? ¿Y no fue eso lo que al final, para ti, terminó por ser devastador? Has aceptado su ausencia sin comprenderla. Bien. Y ahora has dejado de querer comprenderla. Mejor.

     Y de la nada te sale con que te ama, con que te extraña, con que la perdones, con que quiere que seas feliz. Que la perdones. No pudiste, en ese momento, cuando leíste esas palabras, sino pensar en Borges: “Para mí no hay venganza ni perdón. El olvido es la única venganza y el único perdón”. Sí, seguramente lo estoy citando mal porque lo estoy citando de memoria, pero ésa es la idea. Y tú y yo sabemos, y ella sabe, que hay una sola cosa que no le perdonas, y que por tanto no podrás olvidar nunca. O quién sabe.

     Incluso llegaste a pensar en volver a ir a Guadalajara. Los que conocemos tu historia, que somos pocos, te decimos que estás loco. Por otro lado, eso es algo que ya todo el mundo sabe. Y mira, pues... eso significa que no crees que hayas hecho suficiente por lo que tú crees, y quizá nadie más, que es un amor tan intenso como nunca te pudiste haber imaginado que fuera posible vivir uno. Pero la verdad quizá es que ya has hecho demasiado.

     Te dijeron: “Ahora le toca a ella”. Pero tú eres incapaz de exigirle nada. Y cuando tú fuiste a verla hasta Guadalajara, hasta la ciudad en que vive, hasta la ciudad que tanto ansiabas visitar... acéptalo: te rechazó. “Ahora le toca a ella.” Pero tú estabas seguro, y lo estás aún, de que ella no va a venir a verte. Tú siempre has dicho que el amor es recíproco, o no es amor. Ahí te la dejo.

     Y si viniera, y si se le ocurriera venir... Recuerda que le dijiste, llorando, que no la dejarías partir de nuevo. Las echadas se sostienen, cierto; pero también es cierto que todo, todo cambia. Los que se dicen sabios han hecho de ello su lema. Lo único cierto es que tú no la dejarías plantada y sola si viniera. A veces eres demasiado... quién sabe, pero... ya ten han dicho que no siempre eres justo contigo mismo. Ah, ese corazón tuyo...

     Piensa esto: ¿Qué le dirías al recibirla? ¿Con qué ojos la mirarías? “Bienvenida a tu ciudad. Ésta es tu ciudad, y lo será mientras estés en ella.” ¿Y luego? ¿Podrías contener el llanto?

     Por otro lado, ¿qué habrá sido de las cartas que le enviaste si ella no las recibió? Alguien debe tenerlas, en algún lugar deben estar. Sostén lo que dijiste en una de ellas: “Renuncio a buscarte. Es desgastante buscarte. Pero no renuncio a la posibilidad de encontrarte de nuevo”. Hablaste también de la libertad. Pues... sé libre tú y deja que ella lo sea. Ella lo es. Ahora te toca a ti. ¿Y qué hacer con este gran amor que aún sientes por ella? ¿Y ella? Pues bien, deja que ella ame a otros hombres y que otros hombres la amen. Y  ese amor que sientes aún por ella y que te carcome el alma, dáselo a otras mujeres. Ama tú a otras mujeres y déjate ser amado por ellas. De eso se trata la libertad. La tuya y la suya. Con Bakunin te digo que su libertad puede ampliar tu libertad al infinito. Deja que así sea. Eran libres en principio, se permitieron serlo, y esa libertad mutua te llevó a vivir con ella algunos de los momentos más hermosos de tu vida. Retoma esa libertad. Seguramente esa libertad de llevará por caminos que hoy no puedes imaginar, como entonces te llevó por caminos que no pudiste imaginar. Deja, pues, que así sea.

     Ahora, ¿quién puede convencernos de lo contrario?

 
February 19

Plan para un récord Guinness (Plan for a Guinness Record)

 
1. Conquistar a una chilanga, ir a verla al D. F. y que me deje plantado.
 
2. Conquistar a una regiomontana, ir a verla a Monterrey y que me deje plantado.
 
3. Conquistar a una poblana, ir a verla a Puebla y que me deje plantado.
 
 
     Así me habrán dejado plantado ya en las cuatro ciudades más grandes del país.
 
 
January 23

Dicotomías (The world by bipartition)

 

Hay muchas formas de dividir al mundo en dos:

 

  • Hombres y mujeres (pa’ empezar).
  • Dueños de los medios de producción y proletariado explotado (que es la perspectiva marxista).
  • Globalifóbicos y globalifílicos.
  • Socialistas y capitalistas (que es la versión previa).
  • Los que prefieren el “cine de arte”, y los que prefieren el “comercial”.
  • Quienes gustan de ver el futbol, y quienes no.
  • Los que dicen que Pelé y los que dicen que Maradonna.
  • Desarrollados y subdesarrollados (palabra esta última sustituida recientemente por el insoportable eufemismo “en vías de desarrollo”).
  • Hemisferio Norte y Hemisferio Sur.
  • Occidente y no-occidente (división que suprime al Norte y al Sur).
  • Aquéllos para quienes el mayor genio en la historia de la música es Beethoven, y aquéllos para quienes es Bach (hay unos tres por ahí que dicen que es Mozart, pero no constituyen un grupo lo suficientemente fuerte como para dicotomizar al mundo).
  • Cantinflistas y tintanistas (y estamos los piporristas, pero tampoco podemos dicotomizar al mundo)
  • Los que leen y los que no leen.
  • Aquéllos para quienes el mayor genio en la historia de las letras es Shakespeare, y aquéllos que están del lado de Cervantes (aun los que no leen, de la dicotomía anterior, estarán del lado de uno o de otro, generalmente con el británico, vayaustedasaberporqué).
  • Los blancos y los negros (aquí, el que no es blanco, es negro; por tanto, chinos, árabes, judíos, morenazos y otros son negros).
  • Los buenos y los malos (a la manera maniquea; podría hablarse de un tercer grupo, el de los feos, pero de ésos hay en uno y otro bando, y por lo general son mayoría).
  • Quienes gustan del jazz, y quienes dicen que el jazz suena como perros y gatos peleando.
  • Los monoteístas y los politeístas (una división más bien histórica de las sociedades, antes que demográfica del mundo moderno; hay que observar también que están los ateos, pero ésos son como los que le van a Mozart).
  • Aquéllos a los que les gusta la Navidad, y aquéllos a los que no (los que no pertenecen a credos judeocristianos, por indiferencia ante el ritual, pertenecen al grupo de los que no).
  • Los que abominan el 14 de febrero, y aquéllos a quienes les encanta.
  • Se ha querido también hacer la división entre productores y consumidores en la sociedad de consumo, pero se ha perdido de vista que los productores también son consumidores, ya que si no lo fueran no podrían sobrevivir en la sociedad del consumo que ellos mismos han creado, y los marxistas estarían brincando rebosantes de alegría (incluso las sociedades que no son de consumo son de consumo: Son de autoconsumo, pero como éste no se puede contabilizar macroeconómicamente, a las sociedades que aún lo practican se las manda mucho al diablo).
  • Aquéllos que se decepcionaron del mundo de una vez por todas y definitivamente, y aquéllos que se decepcionaron del mundo una vez, le dieron una segunda oportunidad, se volvieron a decepcionar, volvieron a darle “otra segunda oportunidad”, y así hacen ad infinitum.

 

     Es esta última dicotomía la que nos interesa. Llamaremos a los primeros decepcionados definitivos, y a los segundos decepcionados continuos (o segundochancistas, si se prefiere).

     Usted conoce, forzosamente, a gente de uno y otro tipo y pertenece, le guste o no, y fatalmente, a uno u otro tipo. Observe con atención a la gente, a usted mismo, y luego me dice. Incluso, no puede decir que en algún momento la vida, el mundo, no lo ha decepcionado. Vaya a su infancia, si no, cuando Santa Claus no le trajo el juguete deseado, o cuando ni siquiera le trajo juguetes; cuando los Reyes Magos no le trajeron pilas (qué a toda madre los pinches reyes); cuando su madre no le compró ese dulce que usted quería, y en cambio en casa lo esperaban ansiosos el hígado y el brócoli y otras comidas esdrújulas; cuando aquella niña bonita de la escuela... usted tendrá su propia historia. Incluso si usted era esa niña bonita de la escuela. Ya usted sabrá si quiere rememorar su adolescencia. Le recomiendo que no lo haga.

     No es tan fácil, pues, andar por la vida sin decepcionarse de ella. En parte porque la vida significa relacionarse con otras personas, como fatalmente observó Aristóteles. Tal vez Aristóteles fue un decepcionado definitivo, como lo fueron también probablemente Albert Camus, Jean Cocteau, Jean Baudrillard (que es como el hijo pródigo) y Franz Kafka, y lo son Gilles Lipovetsky y Aleksandr Solzhenitsin, entre muchos otros que usted señalará oportunamente. Simona de Beauvoir fluctúa con sorprendente facilidad de una categoría a otra.

     Están los que se hacen llamar optimistas. Se llaman así justamente por ser optimistas. Son decepcionados continuos, segundochancistas incansables. Piénselo bien: Si las cosas estuvieran bien, no sería necesario ser optimista. Con el realismo tendríamos bastante para sentirnos alegres, y no tendríamos que inventarnos, sin fundamento, un futuro en el que todo estaría mejor. Y la frase terrible de Cocteau: “Un pesimista es un optimista bien informado”. Y la más terrible y más anterior lógica de Platón: Todo cambio, todo devenir, toda evolución, toda transformación, es para mal... las cosas siempre empeoran, se corrompen. La lingüística nos da un ejemplo claro: Las lenguas nunca evolucionan para bien. En sentido estricto, se corrompen. ¿No es el español el latín venido a menos? ¿Qué lengua actual no es una lengua muerta venida a menos?

     José Alfredo Jiménez, por ejemplo, no puede decirse que era optimista, pero sí un segundochancista. Una cadena de decepciones sólo puede deberse a una cadena de esperanzas. Edith Piaf pertenece a ese mismo grupo, o eso nos hizo creer. En la misma barca podemos encontrar a Sigmund Freud, a Jean-Paul Sartre, a Dostoievsky, al Che Guevara, a Lou Salomé, a los economistas, a Juana de Arco... Por citar algunos ejemplos. Tal vez Friedrich Nietzsche en principio fue segundochancista hasta que un día se cansó de dar segundas oportunidades. E hizo bien.

     Incluso en las caricaturas tenemos claros ejemplos a la mano. Charlie Brown era un segundochancista incansable, siempre dispuesto a patear el balón y a disputar un partido de béisbol, aun cuando todo su equipo sabía cuál sería el resultado. Y Mafalda... qué decir de Mafalda, decepcionada definitiva cuya filosofía puede resumirse más o menos en la siguiente frase: “Yo no tengo nada en contra de la humanidad; a la que no trago es a la gente”. Más o menos. Luego Mafalda es capaz de decir cosas que Quino tal vez sea perfectamente incapaz de comprender.

     Por otro lado, es difícil determinar si Charlie Brown y Mafalda estuvieron inspirados en Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, respectivamente, o si el Sartre y la Beauvoir estuvieron inspirados en Charlie Brown y Mafalda. Respectivamente.

     Snoopy y Garfield pertenecen al selecto grupo de los cínicos... que en su corazoncito serán siempre decepcionados definitivos.

     Si usted me pregunta, cosa que seguramente no hará porque no le importa de qué lado esté yo, me considero un decepcionado definitivo. Lo cual no quiere decir que no dé segundas oportunidades. También habemos de ésos. La cosa es que yo ya sé de antemano cuál será el resultado. La única manera de no decepcionarse del mundo es no esperar nada de él.

 

January 03

Una x sólo encuentra su valor desapareciendo... (An X finds its worth just by vanishing...)

 
por Jimena Gasca Obregón
 
Una x sólo encuentra su valor desapareciendo
Un peón incrementa su valor siendo coronado
y en otra pieza siendo fusionado.
Así, paso a paso, una x con un valor no encontrado
descubre su valor incrementado.
Un peón que con paciencia llega a su meta
y no se queda parado
multiplica su valor al ser coronado.
Así, el cambio puede ser radical,
pero siempre es para mejorar
si le tememos, éste nunca llegará,
y la rutina se quedará estancada
en la caja de la mediocridad.
 
November 01

Empty city

...mírame con tus ojos
de tezontle y granito,
caminar por tus calles
como sombra o neblina.

Efraín Huerta

Café Azteca, Guadalajara, Jalisco, octubre 20-21 de 2007

October 08

Y octubre, de nuevo (And October, once again)

   Y regresas, octubre, con ese descaro de todos los años. Y regresas con el recuerdo de la caída del “Che” Guevara, con tus noches interminables de Guanajuato y Beethoven retumbando entre los empedrados, con tus estudiantes masacrados en medio de un movimiento que fue mucho más, muchísimo más que un día, con tu triunfante Revolución Bolchevique y con tu falso descubrimiento del continente de los aztecas, de los incas, de los yaquis, de los mapuches, de los mayas, de los guaraníes, de los guaycuras y pericúes.

     Traes de regreso esos vientos alisios por los que uno no esperaba jamás volver a ser acariciado, con esa esperanza revitalizada que uno ya creía en los últimos instantes de su agonía. ¿Y qué es la muerte si no la antesala de la vida, del sueño?

     No es necesario estar dormido para soñar, pero sí es indispensable vivir. O en todo caso haber vivido, haber conocido la felicidad, ese instante tan hermoso que Fausto suplicaba durara para siempre, o morir si se diluía como suelen diluirse los instantes. Sólo los instantes son hermosos, y por eso sólo los instantes tienen la capacidad de diluirse, una capacidad de la que no gozan los eternos, los eternizados tiempos de dolor, de sufrimiento, de incertidumbre.

     Regresas, octubre, con la felicidad de las canciones de Bob Marley y el éxtasis del crepúsculo de Richard Wagner, con esos Paul Auster y Milan Kundera cuya exploración no puede ser menos que apasionante, aunque no por ellos mismos, en esa trilogía de Nietzsche el insuperado, Satie el ubicuo y Toulouse-Lautrec el difuso (en las inseparables y envidiadas Suzanne Valadon y Lou Salomé), con esa independencia que hay que llamar libertad, sublime libertad, horrible libertad, falsa libertad. Libertad falsa, si es que hay otro tipo de libertades... si es que hay libertades.

     Regresas, octubre, y con tus días traes la canción sin perdón de Noel Nicola, lo inimaginable, la concreción de los sueños, de la vida, la inconmensurable vida. Regresas octubre, la confluencia de paralelismos, azares y casualidades sibilinos e inescrutables... regresas, octubre, el recuerdo del beso que no ha perdido fuerza ni intensidad ni altura, la lluvia que no se ha evaporado de aquellas cabezas sobre las cuales cayó, el avestruz de sombras que sigue esperando el día en que haya de volver a formarse, los dedos de las manos que esperan volver a reducir las distancias que tal vez algún día parecieron fatales. Lo que quedó pendiente, tráelo, con toda su abrumadora magnificencia.

     Octubre, así como traes la dicha, lava la desgracia que te precede, el dolor que ramificó a tus espaldas, revive el pulsar que una madrugada fue lo que hizo girar al mundo, porque hubo un instante en que éste y el tiempo se detuvieron.

    Octubre, has empezado de nuevo, con todo lo que ello implica. ¿Algún día terminarás, terminará este eterno retorno?

 

July 17

Cabaret dentro de un piano, continuación de “El hijo de las estrellas” (A cabaret within a piano, or Sur un Satie II)

 

En eso estaba y pensé en ti, que vinieras conmigo,
pero estaba dormido... no podía despertar
Cruz Mejía

       Satie no es sólo piano. Y más que eso, Satie no es sólo gimnopedias. Y más que eso, Satie no es sólo su primera gimnopedia. No es sólo música lenta y triste y grave y dolorosa; es más, la mayor parte de Satie es todo lo contrario: es el Chat Noir dentro de un piano. A veces un artista se convierte para el público en su obra más famosa, y vaya a saber por qué ésa se convirtió en la más famosa. Nietzsche diría tal vez que nadie fue capaz de comprenderla, y por ello la inmortalizaron en vez de olvidarla, y que, por su parte, las obras olvidadas lo fueron porque tampoco fueron comprendidas. Problema sin solución, sí, que posiblemente hubiera divertido muchísimo a Satie.

     Chat Noir dentro de un piano. Parece evidente que Satie no tocaba gimnopedias, sarabandas ni gnosedias en el cabaret; ése lugar era para canciones, valsecitos a la francesa y ragtimes, para el espectáculo, ése que muestra French can-can (de Jean Renoir, el hijo de Auguste), y ahí pasaba Satie buena parte del día. O de la noche. Ahí, Suzanne Valadon.

     La historia de Erik y Suzanne es la historia del rechazo cruel. Una noche juntos, una propuesta de matrimonio, una risotada y el rechazo. En pocas palabras, pues. La vida imita al arte, el arte imita a la vida. El arte y la vida se imitan mutuamente, imperturbables. Hay una escena dentro de una escena, Jean-Louis Barrault y Los hijos del Paraíso, Joseph Kosma y Jacques Prévert involucrados, el surrealismo en plenitud. El personaje que hace el gran mimo se enamora de una estatua y trata de conquistarla, la estatua parece cobrar vida, ceder al elocuente silencio del hombre de blanco que ofrece una flor imaginaria, que ofrece un corazón imaginario, que ofrece imaginar; la coqueta estatua ahí queda, el hombre de blanco se duerme al pie de ella. Un hombre con una guitarra entra a escena, su voz y su música seducen a la estatua que no resiste aquello y se va con él. Al hombre de blanco lo despierta un policía, que cree que se ha robado la estatua. Sin amor, el hombre de blanco vaga. Grande, Barrault.

     Entretenimiento, sí. De otro tipo: cine en blanco y negro. Hay que recordar que Satie también se prestó a ello cuando René Clair y Francis Picabia se prestaron a Satie. Clair hizo una especie de cortometraje, coescrito con Picabia, para una obra escénica con música de Satie; Satie apareció en el cortometraje, Entr’acte, que serviría justamente como entreacto o intermedio de la puesta en escena. Entretenimiento. Luego Satie hacía música para no ser escuchada: había espectáculos más importantes a los que el público debía atender, y Satie se enfurecía con la audiencia cuando se concentraba en escuchar su música.

     Bueno, ¿y todo esto qué? Satie no es sólo piano. Las gimnopedias no son sólo piano. Debussy orquestó dos de ellas, por ejemplo, expandiendo sus posibilidades. La Sensacional Orquesta Lavadero arregló una para acordeón y xilófono. Antes de interpretarla montó un pequeño número aparentemente basado en el de Barrault arrima mencionado, sólo que con final distinto: el mimo se va con la estatua. Luego, la Gimnopedia no. 1, exquisita, sutil, apabullante. Y al fondo, divertidísimo, el mimo tratando de alcanzar a la estatua que se desplaza grácil, la estatua huyendo, el mimo tratando de imitar la gracilidad de la estatua, el mimo perseguido por un hombre gordo, la estatua como flotando, el mimo montando al hombre gordo para perseguir a la estatua, el hombre gordo copiando los movimientos de la estatua, el mimo saltando en cuclillas, la estatua de nuevo. Fin de la Gimnopedia.

     ¿La música era para no escucharse, o el espectáculo era para no verse? ¿Cuál era el fondo de cuál, si es que una cosa era fondo de la otra? ¿El público debía decidir? Tal vez esto también le hubiera resultado divertidísimo a Satie.

     Satie para piano: A una amiga le hice escuchar la versión de Patrick Cohen de la Gimnopedia no. 1 de Saite mientras leía El banquete de Platón. Poco a poco fue dejando de leer, bajando el libro. La música dominaba. Después de los más o menos tres minutos con veinte segundos que dura la pieza, me dijo: “Se me tensó el lagrimal”. No es para menos.

 
May 18

As I stand here staring (Mientras contemplo, aquí de pie)

por Pilar Kathleen Contreras Holiday

As I stand here staring
at this empty room,
I realize now
I’m going to lose you.
You’re  already so far away,
but strangely still
standing next to me.
How this sad story
began
I hate to think about, but
anytime you’d like
I’ll help you remember how I sang
when you’re sad,
I’ll tell you how we laughed;
never say our history was bad.
We must admit
I need you, you need me,
I‘m trying to make you see
that you don’t need to leave me:
we can work it out.
I know what is it.
Be convinced: no one
will love you the
way I have.

If you understand it, tell me
what you think.

 

 

April 14

Leclair, Webern, Jara, Lennon, Pastorius... Chalino… Elizalde (Death of a composer)

     El compositor Louis Andriessen hizo una ópera llamada Rosa: una historia de caballos, cuyo argumento recoge el sexto episodio de una serie para televisión de Peter Greenaway, Death of a composer, acerca del asesinato de diez compositores del siglo XX, empezando por Anton Webern y terminando por John Lennon (los otros ocho, por cierto, son ficticios), bajo circunstancias misteriosas, o cuyos casos dejaron pistas misteriosamente relacionadas entre sí.  La citada ópera da cuenta de la historia del argentino Juan Manuel de Rosa, asesinado en Uruguay, que está obsesionado con los caballos (y con hacer música para películas western), cosa que no le caía muy en gracia a su esposa, y a partir de allí se puede deducir todo.  La idea original era que diez compositores contemporáneos convirtieran en ópera cada uno de los diez episodios de la serie; la ópera de Andriessen fue adaptada luego a la televisión por el propio Greenaway.
     Hechos así, aunque poco frecuentes, no fueron exclusivos del siglo XX (lo de los asesinatos, no lo de la ópera... aunque también).

Jean-Marie Leclair (1697-1764)

A Monserrat

      Ya en la Francia del XVIII ocurrió que había un tal Jean-Marie Leclair que tenía, entre otras cosas, un hermano y un padre, y ese padre tuvo la puntada de ponerle a dos de sus hijos el mismo nombre: Jean-Marie Leclair.  De modo tal que Jean-Marie Leclair (el mencionado líneas arriba), bailarín, tenía un hermano que se llamaba Jean-Marie Leclair, violinista, compositor y también bailarín.  Es la historia de este último la que nos interesa.
     El compositor Leclair había cosechado fama por su dominio tanto en el violín como en la danza antes de cumplir veinte años, y fue apreciado por varios monarcas a lo largo de su vida, para cuyas cortes tocó, dirigió y compuso, y a quienes también dedicó varias obras; eso le valió que un duque le asignará un puesto vitalicio, ya cuando andaba por los cincuenta años, lo que le aseguraba su manutención.  Y entonces Leclair se separó de su esposa, desapareció de la escena pública y durante casi veinte años no se supo nada de él.  No se supo nunca en dónde estaba, dónde vivía, a qué se dedicaba, con quiénes se relacionó.  Lo que sí se sabe es que no se dedicó ni a la música ni a la danza.  Nada, ninguna noticia, hasta que el 22 de octubre de 1764  su cuerpo fue encontrado en un peligroso barrio de París, con un puñal clavado en la espalda.
     Se sospechó de su esposa y de un sobrio suyo, pero nada se probó.  No había motivos, aparentemente.  Leclair no tenía fortuna.  Aun hoy, su asesinato es un misterio.

Anton von Webern (1883-1945)

Al Choy, al René, al Sos y a Saida;
a Arturo, Pável, la China, el Coyo, el Rudy y Andros;
a Lina y su Comala

     Caso distinto pero similar es el de Anton Webern (que le quitó la partícula “von” a su apellido), quien al igual que Alban Berg era discípulo de Arnold Schönberg; los tres formaron la llamada nueva escuela de Viena (la primera era de Haydn, Mozart, Beethoven y Schubert —cosa curiosa: este último jamás conoció en persona a ninguno de los otros tres—).  Aunque lo del dodecafonismo era idea de Schönberg, fue Webern quien profundizó más en este sistema, y llegó un momento en que tuvo que defenderlo solo, en contra del mundo.  Tras la llegada del nazismo al poder en Alemania y Austria (Hitler era austriaco), Schönberg se había exiliado a Estados Unidos y Berg había muerto de una septicemia en 1935, de modo tal que Webern era el único que quedaba en Viena, tachado de “músico degenerado” por no respetar los cánones del romanticismo y del postromanticismo, cosa que sí hacía por ejemplo Richard Strauss.
     Llegó la segunda guerra mundial y Webern, necio, seguía en Viena, donde había sido impuesto un toque de queda.  El valentón Webern, que había combatido en la primera guerra mundial, una noche, en casa de un yerno suyo, decidió salir a fumar un cigarrillo.  Esa noche, la del 15 de septiembre de 1945, una bala acabó con su vida.  El soldado estadounidense que le disparó
argumentó que 1) el hombre no había respetado el toque de queda, y B) no sabía que él era Anton Webern... y no sabía quién era Anton Webern.

Víctor Lidio Jara Martínez (1932-1973)

A Edith, a Jorge Monroy y a Yanna

    Más allá de su trascendencia dentro del desarrollo de la llamada nueva canción latinoamericana, más allá de haber figurado entre una pléyade de hombres y mujeres que, guitarra en mano, alzaban su voz en contra de las vejaciones que sufrían los países americanos que están debajo de Estados Unidos, Víctor Jara representó, quizá más que ningún otro, un compromiso con un ideal, con una visión, con unos principios.  Y no solamente por haber impulsado la campaña de Unión Popular con Salvador Allende al frente ni por haber participado activamente durante su gobierno como embajador cultural o dirigir el homenaje a Pablo Neruda luego de que le hubiera sido entregado el Premio Nobel de Literatura, sino por el verdadero acercamiento con las clases obreras a través de sus canciones y de sus actos cotidianos.
     “La poesía está en las calles”, se proclamaba en las décadas de 1960 y 1970; “Los cronopios contra el sistema”, se leía en una barda en Uruguay; “Venceremos”, gritaban y cantaban miles de voces esperanzadas.  Y estas tres consignas tenían algo en común: una invasión de espacios, una revolución que podía alcanzarse sólo a través de la poesía, o viceversa, el regreso del realismo mágico a la cotidianidad.
     Chile, 1973.  El poder popular había demostrado su existencia y su fuerza, los ideales del socialismo (igualdad de oportunidades y atención primordial a la clase trabajadora, no igualdad de condiciones ni dictadura del pueblo) se elevaban en un momento en el que el resto de Centro, Sudamérica y el Caribe vivían bajo la atroz imposición de dictaduras militares.
     Videla, Garrastazú, Cavalho, Somoza, Stroessner y cuántos más oprimían a “sus” pueblos.  En Cuba había triunfado también la revolución de mano del mítico Che, quien, libertador del siglo XX, más que con una patria estaba comprometido con una causa, cuya persecución le quitó la vida el 9 de octubre de 1967 en Bolivia.  Y llegó el 11 de septiembre de 1973.  Un golpe de Estado imponía a Augusto Pinochet en la presidencia de Chile; Salvador Allende, antes que rendirse, prefirió quitarse la vida; Víctor Jara fue detenido y hecho preso político en el entonces estadio Chile (hoy estadio Víctor Jara, pero eso qué más da), acompañado por cinco mil compatriotas suyos.  Cinco días después, el 16 de septiembre, tras haber compuesto su última canción, Estadio Chile: canto, qué mal me sabes, fue torturado y asesinado.  A culatazos le fueron deshechas las manos, “Toca ahora tu guitarra”, decían los militares.  Cortaron su lengua, “Canta ahora tus canciones”, decían los militares.  Y después fue acribillado por la espalda.  El 23 de septiembre, Neftalí Ricardo Reyes Basoalto murió de tristeza.
     ¿Y Jara, y Víctor Jara?  En su voz común, en su denuncia en forma de canciones, en sus manos fuertes y gentiles, en el sentido y la razón de su guitarra, Víctor Jara sigue denunciando las condiciones del obrero, los cobardes ataques militares, la injusticia del sistema, la pobreza, la explotación.  Y esto se puede superar: lo único que hace falta es voluntad; el cambio no tiene que venir desde arriba, sino desde abajo, desde nuestras decisiones de todos los días. “El pueblo unido jamás será vencido”, una frase de Claudio Iturra, autor del himno Venceremos, con música de Sergio Ortega.  El futuro está en nuestras manos: “el futuro comienza hoy”.
    Víctor Jara, ahora callas, pero nunca estarás como ausente.

John Winston Lennon (1940-1980)

A mi hermana, mis padres, mis abuelos y mi primo Jaime;
a Maninali, a los de la universidad y a Bulbo Radio que se está muriendo;
a C.S.L.

     Diciembre 8 de 1980.  El caso de John Lennon es ampliamente conocido, pero no es (ni será nunca) ocioso mencionarlo.  A pocas semanas de la navidad (Merry Xmas, John, siempre) un admirador de Lennon había estado esperando, junto con varias personas más, a que saliera de su apartamento para pedirle un autógrafo; John le firmó un ejemplar del álbum Double fantasy: alguien con una cámara fotográfica los capturó a los dos en ese momento. Lennon, que iba con Yoko Ono, partió hacia un estudio de grabación para afinar algunos detalles de los temas de Double fantasy que saldrían como sencillos.  Lennon y Ono volvieron a su apartamento cinco horas después; Yoko entró y John se quedó unos instantes fuera.
     “Mr. Lennon”, gritó alguien, y John volteó.  El hombre que había sido capturado junto con él en una fotografía salió de entre las sombras, sacó una pistola y disparó cinco veces hacia Lennon; el primer tiro falló y rompió una ventana del edificio en donde vivían John y Yoko, pero los otros cuatro impactaron en el cuerpo de Lennon.  Uno de ellos dañó su aorta. 
     Lennon pudo subir aún seis pisos de su edificio, y a un portero le alcanzó a decir que le habían disparado.  Luego, se derrumbó.
     Dos comandos policiacos llegaron al lugar: uno para detener al asesino (que no intentó huir nunca: simplemente se sentó en una banqueta) y otro para llevar a Lennon a un hospital.  En el camino dijo sus últimas palabra: “Sí, soy John Lennon”, cuando un oficial pretendía determinar su estado de conciencia.  Cuando la noticia fue divulgada, miles de personas se reunieron en las afueras del hospital; rezaron y cantaron canciones de John Lennon.  Lennon fue declarado muerto a las once y cuarto, veinticinco minutos después de haber recibido los disparos.

John Francis Anthony “Jaco” Pastorius (1951-1987)

A Chucho, Paco y Luis, a Jon, a Angélica, Poncho y el Velox;
a los jazzmen y las blueswomen

     El que quizá haya sido el primer virtuoso del bajo eléctrico protagonizó una riña en una cantina, luego de haber sido echado de otra en la que había provocado pleitos debido a su estado de embriaguez.  Jaco Pastorius vivía una etapa difícil de su vida, la última, asediado por frecuentes cuadros depresivos.  Una noche, después de dar un concierto junto con Carlos Santana (sí... con Santana... y curiosamente un 11 de septiembre), decidió ir a una cantina, en donde era conocido como un vago buscapleitos que se robaba las propinas de los meseros; Pastorius solía buscar por entonces la compañía de vagabundos, y con varios de ellos llegó a la cantina, en donde le negaron la entrada; entró por la fuerza, se embriagó después de poco tiempo, y empezó a importunar a los demás comensales, y fue echado del lugar.  Junto con sus compañeros fue a otra cantina, en donde también le negaron el acceso.  El bajista y compositor de jazz increpó a un guardia de seguridad y exigió que se le permitiera el paso, puesto que él era nadamásynadamenos que Jaco Pastorius; sus peticiones no fueron atendidas, y continuó provocando al celador.  Para mala suerte de Pastorius, aquél tipo era experto en artes marciales.
     Con el rostro desfigurado y múltiples fracturas en el cráneo, Jaco fue internado en un hospital, en donde no moría porque estaba conectado a una máquina que lo proveía de vida artificial.  A los pocos días cayó en coma.  Sin que se haya querido confirmar oficialmente, parece que Pastorius perdió el ojo derecho.  Otros pocos días, y le fue dictaminada muerte cerebral.  Sus familiares decidieron que no tenía caso mantenerlo en ese estado.  A Jaco Pastorius lo desconectaron el 21 de septiembre de 1987.  El tipo que le propinó la golpiza fue condenado a cuatro meses de servicio comunitario.  Miles Davis le dedicó su álbum Amandla (a Pastorius, claro).

Rosalino “Chalino” Sánchez Félix (1960-1992)

Ésta va pa’ todos

     En 1992 en Culiacán, Sinaloa, fue asesinado Rosalino “Chalino” Sánchez (no confundir con su hijo, Adán “Chalino” Sánchez).  No fue de a gratis.  Por ahí de los diecisiete años Chalino mató a un tipo, de familia pudiente, que había abusado de su hermana.  Fue perseguido y tuvo que huir hacia Estados Unidos (así como Schönberg, más o menos), y allá empezó a cantar en restaurantes y cantinas frecuentadas por la comunidad chicana, de la que se convirtió en ídolo.  A pesar de su espantosa voz, varios empezaron a imitarlo.
     La fama de Chalino trascendió los lugares en donde se presentaba y llegó hasta su natal Sinaloa, a donde decidió regresar, pues creyó que la vieja rencilla que lo había hecho huir había quedado olvidada; pero por si acaso, Chalino nunca iba desarmado.  La celebridad de Chalino Sánchez en la región se vio catapultada cuando en sus canciones empezó a relatar la vida de algunos narcotraficantes, lo que dio origen al narcocorrido, cosa que le valió el aprecio del gremio y de su público.
     Se volvió más famoso aún cuando en una ocasión, en plena presentación en una cantina, alguien del público se levantó y lo agarró a balazos: Chalino sacó su pistola y respondió a la balacera desde el escenario; algún proyectil lo hirió, pero nada grave.  De cualquier forma, no hizo caso al anuncio: poco tiempo después, un 16 de mayo, lo ejecutaron.  Una mañana iba en su camioneta con su representante cuando una patrulla se les acercó y los detuvo; los agentes (se dice que posiblemente eran impostores) con violencia exigieron que Chalino se fuera con ellos; el promotor musical dijo que él lo acompañaría, pero el cantante le hizo entrar en razón, y se fue con aquellas personas, solo.  Poco después, al mediodía, su cuerpo sin vida fue encontrado a un lado de la camioneta abandonada, con dos tiros en la nuca.  Al día siguiente, la prensa dijo: “Chalino Sánchez fue secuestrado y ajusticiado”.
     Se dice que fue una venganza, que fue envidia porque había logrado mucho en muy poco tiempo, que fueron las grandes compañías disqueras que no vieron otra manera de frenar su creciente éxito (...), que fue porque estaba involucrado en el negocio de las drogas, que fue porque pasaba inmigrantes ilegales a Estados Unidos.
     Dicho sea de paso, parece que hay un video en el que aparece Chalino Sánchez en uno de sus últimos conciertos; en un intermedio, o al final, le hacen llegar un papel doblado; un recado, pues.  Cuando Chalino lo lee, su reacción es de espanto, escalofriante.
     Según Edna Calva, “si (mi —esto es, de ella—) Valentín Elizalde es famoso, Chalino Sánchez es un dios en Sinaloa”.  En contraparte, algunos amigos míos que fueron en 2006 a Culiacán (a quienes les encargué un llavero de los Dorados y un disco de Chalino... que no me trajeron) me dijeron que nadie a quien le preguntaron les supo dar razón del padre del narcocorrido, salvo un taxista, y que allá lo que está sonando es el reguetón.
     Curiosidades: Chalino Sánchez grabó una versión de Nocturno a Rosario de Manuel Acuña, con música de Juan Gaytán... de por sí el poema es malo; éste es el mejor título de cualquier disco de su género: 15 éxitos para guitarra y tololoche; existe una versión para cuarteto de cuerdas de un narcocorrido de Chalino Sánchez: Nacho Verduzco, que aparece en el disco Nuevo de Kronos Quartet (yo tengo la versión original, con Chalino y Los Amables del Norte... y la voy a poner en la radio y no me importa); en 2004 se filmó el documental Chalino Sánchez: Una vida de peligros, para el cual el director entrevistó al hijo del cantante para que hablara de la muerte de su padre, y éste luego de su intervención terminó diciendo “tal vez yo sea el próximo”... dos semanas después, murió en un accidente automovilístico.

Valentín  Elizalde Valencia, “Gallo de oro” (1979-2006)

A la Chuma (pa’ que no diga)

     Buena parte de la información del siguiente caso se la debo a dos amigas, admiradoras de Valentín Elizalde (sí, el “Gallo de oro”).
     Si Chalino Sánchez es el padre del narcocorrido, el sonorense Valentín Elizalde debió haber sido algo así como el hijo no deseado.  No sé cómo está la historia, y tal vez de esa historia nunca se conozca públicamente todo lo que implica.  Habrá especulaciones, claro: ochenta impactos de bala a su camioneta minutos después de haberse presentado en un palenque en Reynosa, Tamaulipas... no es de todos los días, y no es de cualquiera.  Se habla de que se metió con la mujer de alguien, de gremios y organizaciones, de sus negocios, de una canción: A mis enemigos.  Se habla, se habla, se habla.  Dicen que era mujeriego... su hermano lo dijo para la prensa sensacionalista.
     Dicen que era buena persona: lo dicen sus admiradores, que los tenía, y de a munchos. Seguramente ellos no hubieran querido que muriera así, y mucho menos ver su cuerpo ensangrentado, inerte, mal envuelto en una sábana, ni tirado a un lado de su camioneta, baleado al igual que su gente, el 25 de noviembre de 2006, ni a los medios hablando de lo que pudo haber hecho para terminar así cuando, aparentemente, era muy querido en el noroeste del país, de Colima para arriba, e incluso en Guadalajara.
     Yo escuché por primera vez una canción suya el martes siguiente a su muerte (no completa): “cómo me duele que te saquen a bailar...”.  Era malísimo.  Pero sus discos se agotaron en una semana (incluso entre la piratería) y su disquera se apresuró a lanzar un cedé de éxitos suyos y uno de temas inéditos.  Ni hablar.

     Necesito amigos a los que les guste el rap y el hip-hop para referirme a 2 Pac Shakur y B.I.G. Joe o John o Ned o como se llame.  Y por cierto, 50 Cent por poco nos deja sin su jitazo P.I.M.P.

Dos consideraciones finales: Mozart y Smailovič

      Por supuesto que aquí no se abordó el caso de Wolfgang Amadeus Mozart, porque no fue asesinado por Antonio Salieri ni por nadie más.  Aunque no se conocen a ciencia cierta las causas de su muerte, las teorías de que fue asesinado están hoy completamente descartadas.  Muy probablemente su muerte haya sido consecuencia de un padecimiento que lo venía afectando desde principios de 1791, o incluso desde antes: Mozart fue un niño muy enfermizo; o tal vez, como se ha dicho recientemente, murió por una infección producida por comer una chuleta de cerdo mal cocida o en estado de descomposición.  No se sabe.  A Mozart no se le practicó ninguna necropsia, y fue enterrado en una fosa séptica, cosa que no debe escandalizarnos, como no escandalizó en su época, porque entonces era común enterrar a la gente en el cementerio del barrio en donde vivía.  Sin embargo, hoy Mozart ya tiene su propia tumba y toda la cosa, con más beneficio para sus admiradores y el Ministerio de Turismo de Austria que para el propio Mozart.
     Por cierto, en la película Amadeus de Milos Forman jamás se propone que Salieri haya matado a Mozart: se propone que Salieri dijo haber matado a Mozart, sin ir más lejos.  Véanla (de nuevo).  Otras cosas del filme: es cierto que Mozart pensaba que había sido envenenado con agua tofana, pero es completamente falso que Salieri haya tenido nada que ver con la composición del Réquiem: quedó inconcluso a la muerte de Mozart, lo terminó su discípulo Franz Xaver Süssmayr recuperando música de los primeros pasajes de la obra, y la viuda de Volfi, que mientras el compositor estuvo vivo le insistía para que lo terminara, cobró por el encargo.  Y en cuanto a quien se lo encargó... fue un noble que quería hacerlo pasar como composición propia, como alguna vez hizo con obras de Beethoven, quien antes de morir vio restituido su crédito como autor de dichas composiciones.
     Sobre los músicos y los asesinatos, hay una anécdota que raya en lo heroico, protagonizada por un violonchelista yugoslavo durante la guerra de los Balcanes en 1994.  Este hombre, de apellido Smailovič, salió una mañana en pleno bombardeo y vio a un amigo suyo en una panadería que aún no abría sus puertas, haciendo fila con otras veintidós personas.  Se acercaba a él cuando un obús cayó en el expendio de pan.  Las veintitrés personas que hacían fila murieron instantáneamente.  Durante los veintitrés días siguientes, uno en memoria de cada víctima, Smailovič tocó su violonchelo en la calle, en le lugar en donde había caído la bomba.  La gente lo veía, lo escuchaba, se acercaba a él y se alejaba presurosa por refugiarse, temerosa de la muerte que podía caer desde el cielo en cualquier momento.  Un hombre le preguntó al músico un día:  “¿Está usted loco?  ¿Por qué está tocando el violonchelo en la calle?  ¿No ve que nos están bombardeando?”.  Smailovič respondió: “¡Ellos son los locos!  ¡Que dejen de arrojar obuses!  ¿Acaso no ven que Smailovič está tocando su violonchelo?”.  Heroico.

     Y por si a alguien le interesa, los diez compositores de Death of a composer son:

1. Anton Webern, 1945
2. Samuel Bucket, 1948
3. Tora Arcadio, 1951
4. Portala Zick, 1952
5. Antonio Marseil, 1955
6. Juan Manuel de Rosa, 1957
7.
Erik Butlitzer, 1961
8. Geoffrey Fallthuis, 1968
9.
Corntopia Felixchange (esposa del anterior), 1979
10.
John Lennon, 1980

 

March 19

Absences

¿Qué nervios pueden mantenerse incólumes contra los aullidos en el espacio y los quejidos de la marejada?  ¿Cuánta y qué clase de resistencia física y moral se impone para vencer el peso abrumador de las nubes, el llanto húmedo de la neblina y los gemidos constantes de los vientos?
...
Ese no estar, ese no poder estar, es estar partido en dos.  No me entrego al momento.  Y, por tanto, nada puedo expresar.  Todo lo expreso en tono menor.  Veo que me fascina y que encuentro placer en sus cosas.  Ella es la protagonista.  Yo, el espectador, el sujeto pasivo de su historia.  Y no está mal que así sea: debo tener mi autonomía.  Mi mundo.  Tener lo mío propio, y enriquecerlo para que cuando me abandone no me hunda en la nada.  Debo gozar de su ausencia, respetar sus secretos.  Buscar es ir descubriendo los errores.

...
A medida que el sol se hunde en el mar de sangre, los celajes cambian sus tonos de lujuria, las nube sufren la angustia de la derrota y se desvanecen, consumidas en colores ardientes.  Cuando el sol da el último salto y se pierde, lanza una saeta que se levanta perpendicular sobre el horizonte.  Es el rayo verde, cuyo color resalta cortando los celajes, hasta lo alto, confundiéndose en el fondo azul del espacio.
Fernando Jordán, El otro México (también en Transpeninsular de Federico Campbell)

—Nunca quise que vinieras conmigo porque entonces quería estar sola y no hablar con nadie.  Estaba muy sola, y así me gustaba estar.  Pero, de cualquier forma, debiste haber venido conmigo.  Te hubiera llevado a conocer el litoral de las salinas, los ríos que terminan en el mar, a comer pescado ahumado y frutas secas.  Algún día iremos a conocer esos lugares.  ¿Por qué nunca coincidimos?
Federico Campbell, Todo lo de las focas

 

 

January 27

La flecha petrificadora (The petrifyer arrow)

     Por lo regular cuando entro a una biblioteca lo primero que hago es buscar en el catálogo los libros de cuentos de Edgar Allan Poe.  Quizá me mueva a ello la aún pululante devoción que tuve por él en mis años de secundaria y preparatoria, y precisamente por sus cuentos, que sigo buscando por todos lados a pesar de que puedo decir que he leído (y tengo) una edición de sus cuentos completos, traducidos por nadamásynadamenosque Julio Cortázar.  Y de Poe, en las bibliotecas, no me importan ni sus ensayos ni sus críticas ni Gordon Pym, sino sus cuentos, y la verdad es que busco un solo cuento que no estaba en la edición que ya dije y cuyo título leí casi por casualidad en la tercera de forros de un ejemplar de El satiricón de Petronio (qué hago yo leyendo esas cosas, válgame Dios): El diario de Julius Rodman.

     Dicho título no lo he podido olvidar, y quizá cuando busco los cuentos de Poe en las bibliotecas busco realmente ese cuento, esa edición de la que me hablaba Petronio sin que jamás hubiera tenido la intención de hablarle a nadie sobre es edición; y quizá busco con el deseo de no encontrarlo, de manera que puedo ir muy bien y con plena justificación a buscarlo en otra biblioteca, o en aquéllas en las que lo he buscado una vez pasado un tiempo prudente, o imprudente de preferencia, y así hasta agotar las bibliotecas de la ciudad en que vivo y los períodos de renovación de la ciudad en que vivo, lo que me llevaría naturalmente a otras ciudades con otras bibliotecas y otros regresos (larguísimo proceso a lo largo del cual encontraría persistentemente otras cosas que me dejarían fascinado y movido a guardar en un bolsillo trasero del pantalón a Julius Rodman y su diario).  Por otro lado, eso no es difícil, aunque no me lo he propuesto decididamente.

     En la ciudad en que vivo hay diez bibliotecas públicas (uy qué gran ciudad), de las cuales por el momento dos son perfectamente inútiles y las demás se la pasan en un muy cómodo olvido.  Lo que ocurre con las dos momentáneamente inútiles es que al gobierno del estado le dio por reubicar la biblioteca central de la ciudad, que estaría establecida en una zona exclusiva muy cerca de un centro comercial muy pípiris nais, y la conocida como central terminaría siendo una periférica o secundaria, si es que no desaparece.  Una biblioteca se cerró y la otra aún no se abre al público, y las cosas han estado así por más de un año.

     Las bibliotecas de universidades o museos o fundaciones parecen intimidar a quienes no estudian o trabajan en las casas de estudios o no tienen relación alguna con la organización de la cual dependen los inmuebles de consulta.  Cualquier ser humano puede entrar a ellas, buscar libros en algunos casos en un incómodo catálogo digital, sacarlos, hojearlos, leerlos si desea y sacarles copias fotostáticas aún a pesar de los avisos de la editorial en las primeras páginas, generalmente en donde están los datos de la edición y el número de copyright.  La primera vez que yo noté esas advertencias fue en unas copias fotostáticas.  Aunque cualquiera puede entrar a estas bibliotecas y manosear los libros, sólo quienes trabajan o estudian en las universidades o asociaciones civiles pueden sacarlos, y quizá ello aleje del recinto a los que no andan por ahí “con el orgullo de ser universitarios” o cosa parecida.

     De las otras bibliotecas, siete no las he visitado porque no sé en dónde están exactamente.

     En la ciudad en que vivo me han acogido dos casas, la primera de ellas en una colonia en la que se encuentra una de las bibliotecas olvidadas.  Mientras viví en dicha colonia nunca visité la biblioteca cercana; la veía guardando cierta distancia, rodeada de yerbas crecidas y decorada con pintorescos graffitis en muros y ventanas, lo que me hacía pensar que estaba abandonada, mientras jugaba futbol con los vecinos.  No estaba abandonada, sino descuidada.  Hace poco se me ocurrió ir a meterme en ella, y lo primero que hice fue buscar en el catálogo cuentos de Poe.  Todas las antologías ya las conocía, y en ninguna estaba El diario de Julius Rodman, que cuento que alguna vez llegué a pensar era apócrifo o no existía.  Una hipótesis que no está del todo desechada.

     En seguida busqué dos nombres más: Monterroso y Cortázar.  Grande fue mi sorpresa al constatar que en dicha biblioteca, tristemente vacía, salvo por las bibliotecarias faltas de gentileza y sus niños de primaria que se entretenían dibujando y leyendo cuentos (no de Poe ni de Monterroso ni de Cortázar), volúmenes de los dos latinoamericanos que o no había leído o no tenía noticia de su existencia.  De Cortázar alguna vez tuve en mis manos La vuelta al día en ochenta mundos, por ejemplo, un volumen que por su solo título creí complicado, y que por estar etiquetado bajo la categoría de “ensayo” pensé a mis doce o trece años que sería fastidioso.  Sus primeras líneas me sacaron de mi error (aunque a mis doce o trece años quizá me hubiera parecido que no estaba yo en un error porque para empezar no tenía ni puta idea de quiénes eran Lester Young y Antonin Artaud), y las azarosas de cualquier página me mostraron lo delicioso que es salir de los errores con cosas como la siguiente:

Manera sencillísima de destruir una ciudad
     Se espera, escondido en el pasto, a que una nube de la especie cúmulo se sitúe sobre la ciudad aborrecida.  Se dispara entonces la flecha petrificadora, la nube se convierte en mármol, y el resto no merece comentario.

     Ahora tengo dos cosas que buscar: un cuento de Edgar Allan Poe y una flecha petrificadora.

 
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